Pero dentro de toda esta vorágine socio-comercial podemos encontrar unas pequeñas islas de optimismo. La familia Koppelman ha visto cómo su vida ha cambiado radicalmente, en especial la vida del pequeño Ralphie, un chico de seis años afectado por autismo e hiperlexia. Desde que su madre le instalara en el teléfono la aplicación de Pokemon Go, la cosa empezó a cambiar bastante. El chico, que antes pasaba las horas sin interactuar con nadie, empezó a salir a la calle y a relacionarse con otras personas a través del juego. Es algo particularmente interesante porque está abriendo posibilidades a personas que lo tenían realmente difícil. Para variar esto me suscita muchas preguntas. ¿Por qué no cogemos esa veta y la aplicamos para desarrollar capacidades de gente a la que resulta difícil comunicarse de algún modo?¿Es tan mala la tecnología como nos hacen creer?¿Nos hacemos mayores y no nos damos cuenta?

Aquí el enlace al artículo de Retrones y Hombres en eldiario.es

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